Tu voz sabe cosas
que aún no has dicho.
El sonido no es solo algo que se escucha. Es vibración, resonancia y cuerpo.
En Voz de Loba trabajo con el uso terapéutico del sonido y la voz.
No desde la música como estructura, sino desde el sonido como herramienta libre, corporal y profundamente personal.
Quizá te estés preguntando…
¿Esto es musicoterapia?
No exactamente. Aquí el sonido no se usa como estructura musical, sino como herramienta libre de expresión y liberación.
¿Tengo que saber cantar o hacer sonidos?
La voz no se trabaja para que suene bien, sino para que sea honesta.
¿Y si me da vergüenza?
La vergüenza también tiene sonido. Y se trabaja desde ahí.
¿Esto es terapia psicológica?
Tampoco la sustituye. Es un acompañamiento que trabaja desde el cuerpo y la expresión sonora. Puede convivir con otros procesos.
¿Tengo que contar cosas personales?
Solo lo que tú decidas. A veces se trabaja sin narrar nada concreto y aun así pasan cosas.
¿Y si no me sale nada?
No “salir” también es una forma de estar. El silencio también forma parte del trabajo.




Filosofía
Acompañamientos
No hay dos procesos iguales.
Aquí no se aplica un método cerrado, sino herramientas adaptadas a lo que traes.
Pensé que no tenía voz. Que la mía no importaba. En las sesiones apareció algo más crudo: sonidos que no sabía que vivían en mi cuerpo. No fue bonito. Fue real. Salí con menos palabras… y más verdad.
Mi voz estaba rota. No afinada: rota. Aquí no intentaron arreglarla. Me dejaron escucharla. Temblar. Fallar. Respirar. Por primera vez, no tuve que explicarme. Solo sostener el sonido que era. Salí con menos palabras… y más verdad.
Mi voz, mi cuerpo, el silencio. Pensé que eso me iba a frenar. Fue exactamente por ahí por donde entramos. La vergüenza tenía sonido. Y cuando lo solté, algo se aflojó para siempre.